21 de octubre de 2016

Del amor y otros demonios (1994) | Gabriel García Márquez

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El mago endemoniado
Crónica de una muerte anunciada | Gabriel García Márquez


Gabriel García Márquez había decidido no publicar un nuevo libro si no se retiraban del mercado colombiano los ejemplares piratas que se ofrecían de sus obras. Finalmente, comprendió que era muy difícil combatir la ilegalidad. De tal forma que, tras muchos anuncios y aplazamientos, nos entrega ahora su novena novela: Del amor y otros demonios (1994).
Ambientada en un pueblo del Caribe colombiano, a fines del siglo XVIII, la narración se desarrolla del 7 de diciembre al 29 de mayo de años indeterminados. Se inicia cuando Sierva María de Todos los Ángeles, el día que cumplía 12 años, es mordida en el tobillo izquierdo por un perro rabioso. El marqués de Casalduero, padre de la niña, preocupado, la hace examinar por el médico portugués Abrenuncio y por curanderos del lugar.
El obispo de la ciudad, pensando que la niña estaba endemoniada, le sugiere al marqués que la interne en el convento de Santa Clara. Ahí, por encargo del obispo, el padre Cayetano Delaura tratará de exorcizar a la niña, pero comprueba que ella no estaba atacada por la rabia ni poseída por el demonio.

Identidad
Despreciada por su madre, Sierva María se crió en el galpón de las esclavas, donde aprendió tres lenguas africanas, a beber sangre de gallo en ayunas y a bailar a distintos dioses. «En aquel mundo opresivo en el que nadie era libre, Sierva María lo era: solo ella y solo allí». Era su verdadera casa y los esclavos, su verdadera familia. Esta infancia nos trae a la mente la que tuvo el narrador apurimeño José María Arguedas, quien convivió con los indígenas al ser relegado por su madrastra. El autor de Los ríos profundos (1958), como la protagonista de García Márquez, encontró en un espacio marginal el afecto que necesitaba y se sintió feliz como nunca. Desprendida de este universo, la marquesita se sentirá incómoda y, algo peor, hostilizada.
El odio de la madre tiene una explicación: presionada por su padre, Bernarda Cabrera violó al marqués, quien tenía síntomas de retraso mental, y poco después, tal como lo había planeado, quedó encinta. El marqués contrajo matrimonio para reparar lo actuado, pero sin sospechar que Bernarda tenía en mente envenenarlo, aunque no pudo culminar su plan. Siete meses más tarde, Sierva María nacería de milagro. No obstante, la marquesa vio en su hija la encarnación de su frustración y, por ello, la odió.
El rechazo que se percibe del obispo y la abadesa, españoles de nacimiento, por Sierva María, que descendía de criollo noble y mestiza plebeya, podría representar de modo coherente la relación conflictiva entre España y sus colonias. En relación con el mestizaje y, de paso, la búsqueda de la identidad, el padre Delaura dirá a Abrenuncio, que, con tantas sangres cruzadas, no sabe a ciencia cierta cuál es su origen ni quién es. «Nadie lo sabe por estos reinos —responderá el médico—. Y creo que necesitarán siglos para saberlo».

Malignas
El amor es, sin embargo, el tema que preside la obra. El amor a la mujer, al amante, a la hija, a Dios. Pero el que ocupa mayor importancia es el amor a la mujer, que durante siglos ha sido asociado por los santos, místicos y teólogos con lo demoniaco. Por ello, los castos y ascetas fueron considerados modelos de perfección cristiana.
Veamos la historia bíblica: desde que Eva es responsable del pecado original que condenó a la humanidad, los agravios al encanto femenino se hicieron célebres por su vehemencia. Para citar, tres casos: San Antonio aseguró que la mujer es esencialmente fuente de pecado. San Pedro Damián las llamó «serpientes venenosas y tigresas sanguinarias». Un monje más audaz afirmó que en sus partes púbicas se halla el infierno. La novela, desde el título, se entiende mejor desde esta óptica.
Al estimar que su amor por Sierva María está ligado a Satanás, el padre Delaura, cuando fue sorprendido por el obispo flagelándose brutalmente el torso, dirá: «Es el demonio, padre mío. El más terrible de todos».
Víctima de la ignorancia y de la superstición, la protagonista es sometida a tratos inhumanos. El lector se indignará y conmoverá ante ellos. Solo el padre Delaura, quien supera en 24 años a la marquesita, comprenderá sus reacciones e intentará evitar los maltratos. En parte, este aspecto recuerda el relato «Solo vine a hablar por teléfono», de Doce cuentos peregrinos (1992), del propio autor, en el que por accidente se interna en un manicomio a una joven que viajaba en auto por España.

Epidemias
Hay que subrayar que García Márquez, con frecuencia, como un demonio, flagela a los personajes de sus libros con grandes estragos y epidemias. Mario Vargas Llosa, en su sesudo ensayo García Márquez: historia de un deicidio (1971), apunta: «En casi todas las ficciones de García Márquez se describen ‘pestes’ y ‘calamidades’ que se baten intempestivamente sobre la colectividad».
En el cuento «Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo», publicado en 1955 y recogido en Ojos de perro azul (1972), una lluvia de cuatro días amenaza desaparecer la ciudad. En Cien años de soledad (1967), la peste del insomnio y del olvido, el diluvio de cuatro años y, por último, el viento infernal que se lleva Macondo por los aires castigan a los personajes de esta novela.
Vargas Llosa observa también que García Márquez tiene una cierta concepción apocalíptica de la historia debido a la violencia y al carácter extremo del clima de su país. Los grandes estragos y epidemias, como consecuencia de ello, son la manifestación del Mal, del pecado, de Satán. No sorprende, entonces, que uno de los libros predilectos de García Márquez sea Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year, 1722), reportaje del inglés Daniel Defoe, considerado padre del periodismo moderno.
La rabia, que es una de las materias de esta novela de García Márquez, fue antes tratada en su breve reportaje «Solo doce horas para salvarlo», publicado originalmente en la revista Momento de Caracas, en 1958, y que integraría la colección de textos periodísticos Cuando era feliz e indocumentado (1973).
Hay otros asuntos que por espacio solo señalo: el hundimiento familiar, el entusiasmo por la novela de caballerías Amadís de Gaula (1508), el entusiasmo por el poeta español Garcilaso de la Vega, el significado de los sueños, el conflicto de la fe religiosa.

Tras once versiones diferentes y seis pruebas de imprenta corregidas, García Márquez ofrece esta novela que es muy digna de su trayectoria y que, sin duda, será disfrutada por cientos de miles de lectores.

Gabriel García Márquez.


Esta reseña se publicó originalmente en el diario La República, suplemento «Domingo», Lima, 19 de junio de 1994, página 27.

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