20 de abril de 2017

Los doce mejores cuentos de Jorge Luis Borges

Borges fotografiado por Grete Stern en 1951.

Aunque cultivó la poesía y el ensayo, el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) debe su mayor reconocimiento a la ficción breve. Reunidos en cinco libros, en total setenta cuentos, estos van desde el criollo, como «Hombre de la esquina rosada» (1927), con un lenguaje de los arrabales, hasta el intelectual, como «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (1940), en el que aparecen muchos libros. Diversas obras desfilan en sus concisas creaciones: la Biblia, Las mil y una noches, El Quijote, enciclopedias y publicaciones ficticias. Asimismo autores, de preferencia poetas ingleses y filósofos germanos. Las referencias bibliográficas aparecen, incluso, en narraciones policiales, como «El jardín de senderos que se bifurcan» (1941). En algunos casos, lo que ha motivado en calificarlos de fantásticos, los protagonistas poseen poderes extraordinarios, como en «Las ruinas circulares» (1940), «Funes el memorioso» (1942) o «El inmortal» (1947). En otros ejemplos encontramos al gaucho, como en «El Sur» (1953). En varios textos, por otra parte, los personajes se mueven por la venganza, como «Emma Zunz» (1948). En ciertos relatos nos remontamos a periodos y geografías distantes, como en «La casa de Asterión» (1945), ambientado muchos años antes de Cristo en una isla griega. En él figura un laberinto, uno de los elementos recurrentes en el escritor bonaerense como lo es el espejo. Precisamente, en su cuento más famoso, «El Aleph» (1945), un pequeño objeto refleja todo el mundo. Al margen de los temas tratados, el lenguaje de Borges se distingue por su economía, algo poco común en la lengua castellana. Casi nada sobra. Así, su lectura no resulta sencilla. Exige, a la vez, cierta cultura. Hay que notar también que algunas reflexiones son para enmarcar: «La metafísica es una rama de la literatura fantástica» o «La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido». La elección precisa de los verbos y adjetivos es otra marca registrada. Un autor genial, en suma. Un narrador esencial.

Aquí mis doce cuentos predilectos de Jorge Luis Borges:

1. «Hombre de la esquina rosada» (1927), de Historia universal de la infamia (1935). El narrador, «el hombre de la esquina rosada», cuenta a un tal «Borges» lo ocurrido una noche hace años en un galpón donde coincidían «la caña, la milonga, el hembraje». Francisco Real, el Corralero, «alto, fornido», de rostro aindiado, llegó de un barrio del norte con violencia, acompañado de otros hombres. Con soberbia, retó a Rosendo Juárez, el Pegador, célebre por su destreza con el cuchillo, a quien el narrador admiraba («los mozos de la Villa le copiábamos hasta el modo de escupir»). Sin embargo, Juárez se negó a pelear. La Lujanera, de cuya belleza se dice: «Verla no daba sueño», desairó a este para irse con el Corralero. En tales circunstancias, el narrador se retiró del salón, pero volvió poco después. Minutos más tarde, la Lujanera regresó, esta vez con el Corralero que agonizaba. Ella contó que un desconocido retó al Corralero y le clavó un puñal. Un compañero de este cree que ella lo mató, pero el narrador rechazó tal argumento y explicó que ella no tenía la fuerza suficiente para cometer tal crimen. En ese momento, escucharon que la Policía a caballo se acercaba y, para evitar problemas, arrojaron el cadáver del Corralero a un arroyo cercano. Así, continuaron con el baile. El narrador, al final, insinúa que él mató al Corralero.
¿Por qué es valioso? Porque utiliza con ingenio el lenguaje de los compadritos. Así, recoge términos como esperiencia, güen, jué, m’hija, oservé. Por otro lado, ofrece gran cantidad de situaciones en pocas líneas. No necesita muchas palabras para describir a un personaje. El giro que le da en las últimas líneas es magistral.
morir. «Para morir no se precisa más que estar vivo».

2. «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (1940), de Ficciones (1944). El narrador recuerda que durante una conversación con Bioy Casares, este citó a un heresiarca de Uqbar («Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres»). Sin embargo, advierte que Uqbar es un país que no existe, salvo en cuatro páginas de un volumen de una enciclopedia de Bioy Casares. En ella se describen varios aspectos de este lugar. Su literatura, por ejemplo, que es de carácter fantástico. Ambos investigan, pero no se enteran de más detalles hasta que el narrador descubre, dos años después, en 1937, que un amigo de su padre, al fallecer, dejó entre sus cosas el undécimo tomo de una enciclopedia dedicada íntegramente a Tlön, el planeta al que pertenece Uqbar. Así, conoce acerca del concepto del universo que tienen los habitantes de este mundo, quienes ensalzan la percepción y no el materialismo. En una posdata de 1947, el narrador revela que Tlön es creación de una sociedad secreta de intelectuales llamada Orbis Tertius. Su origen se remonta a inicios del siglo XVII. Muchos años después un millonario propuso describir este planeta inventado en una enciclopedia voluminosa. La edición de los cuarenta volúmenes de la primera enciclopedia de Tlön culminó en 1914. Hacia 1944, en Memphis, se descubrió la colección completa, hecho que los medios de comunicación difundieron. La influencia de Tlön poco a poco se extiende a diversos campos, como la farmacología y la arqueología. El narrador cree que con los años la Tierra se convertirá en Tlön.
¿Por qué es valioso? Porque es un despliegue impresionante de erudición para una historia que lo exige. Consigna palabras o frases del latín, del inglés, del francés. Señala conceptos de filósofos como Berkeley, Schopenhauer, Russell. Salta culturas, geografías, tiempos. Inventa referencias, las que mezcla con obras reales, sea en el cuerpo del texto o en notas a pie. Como guiños al lector, aparecen amigos escritores de Borges como personajes (su compatriota Bioy Casares, el mexicano Alfonso Reyes, el uruguayo Enrique Amorim). Aunque de aventuras librescas (algunas escenas transcurren en bibliotecas y librerías), es un cuento complejo, con características de ensayo. La invención de libros, de autores y hasta de un planeta es impresionante. Qué imaginación. Un dato curioso es que la posdata es de 1947, posterior a la primera publicación del cuento, que es de 1940. Me incomodan, eso sí, las coincidencias: que uno de los receptores de un volumen de la enciclopedia dedicada a Tlön sea amigo del padre del narrador. También que este halla tenido contacto con un objeto de este planeta: un cono de metal reluciente de peso «intolerable».
multiplicación. «Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres».
metafísica. «La metafísica es una rama de la literatura fantástica».

3. «Las ruinas circulares» (1940), de Ficciones (1944). Un hombre llega a una ruina circular, un templo coronado por «un tigre o caballo de piedra», santuario que había sufrido un incendio muchos siglos atrás. «El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad». Tras muchas dificultades, el mago crea un hombre, pero este no se mueve. Así, pide ayuda al dios del Fuego, que despierta al mancebo («pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas»). Solo este dios y el soñador saben el origen de este ser fantasmal, quien es enviado a otro templo, donde en cierto momento camina sobre las llamas sin quemarse. Teme que su hijo soñado se entere de que es «la proyección del sueño de otro hombre». En estas circunstancias, las ruinas circulares donde se encontraba el mago son amenazadas por el fuego. El soñador se sorprende que puede atravesarlo sin dañarse. Advierte que es un hombre soñado por otro. «Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo».
¿Por qué es valioso? Por el manejo de adjetivos («selva palúdica» o «muralla dilapidada») o de verbos infrecuentes («subvenir» o «fatigar»). Es decir, por el inusual dominio del lenguaje. Por su manera brillante de cambiar la historia en las últimas líneas. Por un argumento aparentemente sencillo que es de gran profundidad. Permite reflexionar acerca de las repeticiones que ocurren en la humanidad, del deseo de los hombres en ser creadores y de la ignorancia de nuestro origen. ¿Somos producto de un sueño? ¿Qué es la vida?
sueño. «El empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón».
hijos. «A todo padre le interesan los hijos que ha procreado».

4. «El jardín de senderos que se bifurcan» (1941), de Ficciones (1944). Durante la Primera Guerra Mundial, Yu Tsun, quien trabaja como espía para el Imperio alemán en suelo inglés, huye de la persecución del capitán Richard Madden, que asesinó en defensa propia a su colega prusiano Viktor Runeberg. Con la intención de transmitir a su jefe de Berlín qué ciudad debe bombardear, por la guía telefónica, ubica a un sinólogo, «la única persona capaz de transmitir la noticia». Mientras Madden le pisa los talones, viaja en tren a Fenton en busca del doctor Stephen Albert, quien lo recibe en su casa. Yu Tsun se entera de que este era un especialista en la obra de su bisabuelo, Ts’ui Pên, autor de la incomprendida novela El jardín de senderos que se bifurcan (Yu Tsun recuerda: «En el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo»). Albert le explica la intención filosófica del libro, que en su trama caótica ofrece un laberinto temporal, no espacial, infinito, una idea particular del tiempo. Cuando Yu Tsun siente que Madden asecha, le dispara a Albert, cuya muerte es difundida en los periódicos. Así, su jefe de Berlín se entera que el arsenal inglés se encontraba en esa ciudad y bombardea el lugar. Yu Tsun es condenado a la horca.
¿Por qué es valioso? ¿Es posible una historia de espías con reflexiones filosóficas? Borges lo consigue aquí. ¿Qué es el tiempo? ¿Cómo transmitir un mensaje? ¿Cómo ocultarlo? El cuento es ingenioso para relacionar detalles. Es cerebral. Todo está pensando, calculado. Sin embargo, como en el cuento «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», disgusta las coincidencias. Yu Tsun encuentra a un especialista en la obra de su bisabuelo.
presente. «Siglos de siglos y solo en el presente ocurren los hechos».
misión. «El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado».
enemigo. «Un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes».
alternativa. «En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras».
omitir. «Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla».
tiempo. «El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros».

5. «Funes el memorioso» (1942), de Ficciones (1944). El narrador, de origen argentino, recuerda a Ireneo Funes, a quien conoció en 1884, en Uruguay. Este, de rostro «aindiado», hijo de una ‘planchadora’, era célebre en su pueblo de Fray Bentos por dar la hora exacta sin ver el reloj. Un accidente de equitación que sufrió lo postró en la cama, lo dejó hemipléjico, pero le otorgó la capacidad de recordarlo todo. En una habitación abandonada, el narrador lo visita en 1887. Queda muy sorprendido por su increíble memoria. «Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero», señala el narrador. Se añade: «No solo le costaba comprender que el símbolo genérico ‘perro’ abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)». Aquella vez se amanecen conversando. Funes fallecería en 1889, a los 21 años, de una vulgar enfermedad: una congestión pulmonar. Medio siglo después, el narrador tiene el encargo de escribir un breve texto para un libro colectivo sobre la singular vida de Funes, considerado «un precursor de los superhombres».
¿Por qué es valioso? No solo es «una larga metáfora del insomnio», como calificó su autor. Es un intento curioso de atrapar un mundo infinito. Es la historia de un hombre cuya capacidad de recordarlo todo lo abruma. Lo que muchos desean, para el protagonista es una maldición. Sin embargo, como señala el narrador, es «inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes».
pueblo. «Todo se propala en un pueblo chico».
dormir. «Dormir es distraerse del mundo».
pensar. «Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer».

6. «El Sur» (1953), de Ficciones (1944). A inicios de 1939 Juan Dahlmann, secretario de una biblioteca municipal de Buenos Aires, se golpea la cabeza con el borde de un batiente no cerrado por descuido. El accidente lo lleva a ocho días críticos en un hospital y a confusos momentos. En algunos momentos parece que se encuentra en el sanatorio y en otros parece que se halla en el Sur. ¿Acaso son las alucinaciones? ¿Son solo sus deseos o se ha recuperado y ha podido viajar al Sur? «Era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres». Dahlmann llega al rancho que heredó de su abuelo, al Sur. Lleva consigo un ejemplar valioso de Las mil y una noches. En el camino ingresa a una cafetería, donde encontró al dueño, a un viejo gaucho en la barra y a tres tipos en otra mesa, quienes empezaron a molestarle con bolitas de pan. Dahlmann decidió irse, pero uno de los tipos lo desafió a una pelea, con un cuchillo. Como Dahlmann estaba desarmado, el anciano gaucho le arrojó un cuchillo. Aunque Dahlmann no sabía usar el arma, aceptó el reto y salió a luchar a la llanura. Dahlmann supuestamente muere.
¿Por qué es valioso? Por tratar un tema que enfrentamos todos: la muerte. Sea en el hospital o en una pelea por honor. Por otro lado, se observa la necesidad de la ficción. Como Scheherazade, de Las mil y una noches, Dahlmann inventa una historia, pese a que sabe que morirá.
realidad. «A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos».
tiempo. «El hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante».

7. «El inmortal» (1947), de El Aleph (1949). Se transcribe un manuscrito de Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de una legión de Roma, quien se entera de un río que otorga la inmortalidad a quien bebe sus aguas. Acompañado de varios solados, encuentra el río sin saber que era el que buscaba. Tras perderse en un laberinto subterráneo, conoce la Ciudad de los Inmortales. Al salir, un troglodita lo espera, a quien decide llamar Argos, como el perro de Ulises, de La Odisea. Más tarde, el troglodita le confiesa que es Homero. El militar romano, con el tiempo, se harta de no perecer. Para los mortales, cada acto que ejecutan puede ser el último. Ello le da cierto sentido a la vida. «Homero compuso La Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, La Odisea». Así como existe un río que otorga la inmortalidad, debe haber uno que la arrebate. Con ese fin, los trogloditas buscan este lugar. El militar romano lo encuentra en el norte de África y vuelve a ser mortal. Después de varias aventuras, en 1929, fallece.
¿Por qué es valioso? Por jugar con la imaginación, llevarla al extremo y permitirnos reflexionar acerca de la inmortalidad. ¿Qué pasaría si nunca llegáramos a morir? ¿Sería aburridas nuestras vidas?
muerte. «Dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes».
laberinto. «Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, esta subordinada a ese fin».
realidad. «Nada es real».
inmortal. «Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal».
inmortal. «Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres».
muerte. «La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso».

8. «El muerto» (1946), de El Aleph (1949). En 1891, Benjamín Otálora, compadrito de 19 años de edad, tras asesinar a un hombre, abandona los suburbios de Buenos Aires para llevarle una carta de recomendación al jefe de contrabandistas Azevedo Bandeira, en Uruguay. Aún sin encontrarlo, observa una pelea en la que salva de ser acuchillado, sin saber, al tipo que buscaba, quien luego lo enrola en sus filas. Otálora lleva la vida dura del gaucho, pero aspira a más. Hiere a un compañero y toma su lugar. Más tarde, en Montevideo, le encargan llevarle mate al jefe, enfermo entonces, por quien pierde aprecio. Conoce, por otro lado, a la compañera de Bandeira, de pelo rojo. Poco después, es enviado a la lejana estancia El Suspiro, donde trama quedarse con el caballo, la mujer y el poder del jefe. Se entera de que este llegará pronto para arreglar algunos asuntos. Se aparece, entonces, Ulpiano Suárez, guardaespaldas de Bandeira, a quien Otálora le pide unirse contra el jefe. Bandeira llega y le pide a Suárez que lo mate. Era 1894.
¿Por qué es valioso? Por tratar la venganza con sutileza. Por internarse en la vida dura de los gauchos con una economía de medios.

9. «Emma Zunz» (1948). En 1922, Emma Zunz, empleada de 18 años de una fábrica textil, se entera por una carta remitida de Brasil que su padre se suicidó. Ella decide vengarse del culpable: Aarón Loewenthal, su jefe, quien maquinó un plan para acusar de desfalco al cajero Emanuel Zunz, padre de Emma. Ella actúa normal y llama por teléfono a su jefe para delatar en una reunión que tiene información sobre una futura huelga en la fábrica. Acuerdan conversar en la noche en el despacho de Loewenthal. Se dirige al puerto, donde se hace pasar por prostituta y se acuesta con un extranjero que no hablara castellano. Luego se reúne con su jefe, a quien en un descuido lo mata a tiros. Llama a la Policía para denunciar: «El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté».
¿Por qué es valioso? Por construir una venganza inteligente. Vemos cómo un plan minucioso queda perfecto.
irrealidad. «Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez».

10. «La casa de Asterión» (1945), de El Aleph (1949). Asterión describe su hogar, un enorme laberinto. Cierta vez salió de él, pero sintió temor de los sujetos que encontró. Así volvió a su residencia («si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta»). Menciona que, cada nueve años, le dejan para ser sacrificados nueve hombres, para liberarlos de todo mal. Cansado de su condición, espera con gran deseo la llegada de su «redentor», que lo llevaría al infinito. El relato acabo con una frase de Teseo: «¿Lo creerás, Ariadna? El Minotauro apenas se defendió».
¿Por qué es valioso? Por recrear la vida del Minotauro de Creta desde puntos de vista muy inteligente. Borges vuelve a sorprender con la última línea del relato, como en «Las ruinas circulares» (1940).
escritura. «Como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura».

11. «El Aleph» (1945), de El Aleph (1949). Un tal Borges recuerda la muerte de Beatriz Viterbo, ocurrida en 1929, a quien amó sin ser correspondido. Cada 30 de abril, día del natalicio de ella, visita su casa de la calle Garay, Buenos Aires. Así, se encuentra con Carlos Argentino Daneri, primo hermano de la difunta, autor de un libro en proceso que pretende atrapar el mundo. Para Borges, era «un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofonía y del caos». Cierto día, Daneri llamó por teléfono a Borges preocupado porque dos abogados intentan arrebatarle la casa de calle Garay, en cuyo sótano —le confiesa— se encuentra un extraño objeto que inspira su largo poema: el Aleph, una esfera de dos a tres centímetros de diámetro («el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos»). Borges visita el lugar y queda maravillado. El Aleph refleja el mundo entero. Así, vio el alba y la tarde, un cáncer en el pecho, su dormitorio sin nadie, bisontes, todas las hormigas que hay en la Tierra. Borges le recomienda abandonar la casa. Tiempo después es derruida. El poema de Daneri se publicó y obtuvo un premio nacional literario.
¿Por qué es valioso? Con una referencia sutil a La Divina Comedia, una Beatriz inspira al poeta, Borges desciende a un sótano —¿acaso el infierno?— para conocer un secreto.
lenguaje. «Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten».
mente. «Nuestra mente es porosa para el olvido».


12. «La intrusa» (1970), de El informe de Brodie (1970). Ocurre en Turdera, en la segunda mitad del siglo XIX. Cristián y Eduardo Nilsen eran dos hermanos muy cercanos cuya relación cambia desde que el primero, el mayor de ambos, de carácter fuerte, lleva a casa a vivir a Juliana Burgos. Ella, «de tez morena y ojos rasgados», «no era mal parecida». Es tratada como una empleada doméstica, pero Eduardo se enamora de y siente celos de su hermano. Cierto día, Cristián le ofrece compartirla y acepta, pero luego un tipo se burla de los hermanos. Así, la venden a un prostíbulo. Como siguen enamorados de la muchacha, la van a ver en secreto. Cristián decide llevarla nuevamente a casa, pero, para mantener el buen trato con su hermano, la mata. «Ahora los ataba otro círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla», dice el narrador.
¿Por qué es valioso? Aunque la mujer es mostrada como un objeto, el cuento tiene grandes virtudes literarias. Maravilla, la economía, el ritmo.

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