23 de agosto de 2017

Comentario a «Ladrón de libros», de Jorge Cuba Luque

No deberían tener precio



«Los libros, como el pan, no deberían tener precio», dice el protagonista del relato «Ladrón de libros», un peruano que llega a París a los 25 años para seguir una maestría de Derecho en La Sorbona.

Este cuento de Jorge Cuba Luque, limeño que reside al sur de Francia, acaba de reeditarse (la primera edición es de 2002), esta vez por Campo Letrado (2015). El relato, casi una novela corta, narra la historia —como lo anuncia el título— de un delincuente cultivado que sustrae especialmente obras literarias para leerlas, no para venderlas.

«París es acaso la ciudad más literaria y libresca del mundo», dice este ladronzuelo que llega a la capital francesa poco después de la muerte del autor de novelas policiacas Georges Simenon, es decir, estamos en 1989. Su objetivo académico era obtener una maestría de Derecho en La Sorbona. Para ello, había dejado el Perú, donde «cualquier cosa era posible, menos vivir tranquilo».

De su lejano país recibe casi siempre noticias negativas. La información publicada en un periódico acerca de un diputado asesinado en un atentado subversivo es un caso. Más adelante ve por televisión un documental sobre el Perú, difundido en su aniversario patrio, que muestra barriadas miserables, niños harapientos, matanza de campesinos, inflación incontrolable, corrupción. Aunque con algunos problemas, Francia es el contraste.

En sus recorridos por la ciudad europea lo acompañan a veces Homero Andrade y Roberto Santa Cruz y Tagle, llamado ‘Don Tato’, dos compatriotas traficantes de arte y de objetos antiguos, negocios ilícitos. Ello remite a la historia de Panchito, de «Solo para fumadores» (1986), cuento de Julio Ramón Ribeyro, autor citado en el epígrafe del volumen y autor de uno de los libros que roba nuestro protagonista. La impronta del creador de «La palabra del mudo» es evidente por su historia de corte realista, de tono confesional, contada con sencillez, de modo cronológico.

«Ladrón de libros» edifica un París encantador con sus calles, puentes y establecimientos característicos. No evade el humor ni el erotismo (la relación que mantiene el protagonista con la guapa Dominique, de enormes ojos azules, es un ingrediente que enriquece este excelente cuento). Recomiendo con entusiasmo este relato. Está entre lo mejor de la narrativa breve peruana en lo que va del siglo en nuestro país.

Jorge Cuba Luque.